Hacer la web se paga una vez. Tenerla online, siempre.
Es la pregunta que llega después de la primera: ya sabés cuánto cuesta hacer una página web, pero no cuánto te va a costar tenerla el año que viene.
Son tres cosas distintas. Dos son obligatorias y baratas. La tercera es opcional y es donde está casi toda la diferencia de precio.
1. El dominio (obligatorio)
Es tu dirección: tunegocio.com o tunegocio.com.ar. Se paga una vez al año.
Es el costo más chico de todos y el más importante de no olvidar. Si vence y no lo renovás, la web se cae y después de un período de gracia el dominio queda libre: cualquiera puede registrarlo, incluida la competencia.
Tres cosas para no equivocarte:
- Que esté a tu nombre, no al de quien te hizo la web.
- Renovación automática activada.
- Que la tarjeta asociada no esté vencida (es la forma más común de perder un dominio).
2. El hosting (obligatorio)
Es dónde viven los archivos de tu web. El precio varía mucho según cómo esté hecha la web:
- Una web estática (contenido que no cambia solo: servicios, fotos, contacto) puede alojarse en servicios que para un sitio chico tienen costo muy bajo o nulo.
- Una web con base de datos, panel o reservas necesita más infraestructura y ahí sí hay un costo mensual real.
Este es un punto donde conviene preguntar antes de contratar, porque dos webs que se ven parecidas pueden tener costos de hosting muy distintos según cómo estén construidas por dentro.
Una consulta, un circuito conectado
3. El mantenimiento (opcional)
Acá está la variación grande, y es la parte que más se confunde con “el hosting”.
El mantenimiento no es tener la web prendida: es que alguien se ocupe de ella. Cambiar precios, sumar un servicio, actualizar fotos, revisar que los formularios lleguen, que la velocidad no se caiga, que las automatizaciones sigan andando.
En nuestro caso arranca en un rango aproximado de USD 30 por mes, sin permanencia. Podés no tomarlo.
Cuándo conviene y cuándo no
Conviene si cambiás contenido seguido, si tenés turnos, reservas o un bot de WhatsApp conectados, o si no querés enterarte de que algo dejó de funcionar por un cliente que te avisa.
No conviene si tenés una web institucional que no cambia y estás cómodo llamando solo cuando necesitás algo puntual.
El costo que nadie suma: no tener web
Una web que no se toca en dos años se nota. Los precios quedan viejos, las fotos también, y Google va bajando de posición a los sitios que no se actualizan frente a los que sí.
No es un argumento para pagar mantenimiento todos los meses. Es un argumento para revisarla dos veces al año, aunque lo hagas vos.
Cómo saber cuánto te va a costar el tuyo
Depende sobre todo de cómo esté hecha la web, y eso se define antes de construirla. Una web liviana y bien armada cuesta muy poco de sostener; una pesada o mal planteada arrastra costos todos los meses.
Si estás por encargar una, preguntá antes: qué hosting va a necesitar, cuánto cuesta al año y qué pasa si querés mudarla. Y mirá nuestros rangos de precios, donde separamos qué se paga una vez y qué se paga siempre.